Hola, soy Paola, estudiante del Grado Superior de Higiene Bucodental, y he tenido la oportunidad de pasar tres meses de Erasmus en Oporto, Portugal.


Mi llegada a Oporto fue muy tranquila. Tuve la suerte de alojarme en una zona muy bien ubicada, con el transporte público a menos de cinco minutos y varios supermercados cerca, lo que facilitó mucho el día a día y las compras.
En mi lugar de prácticas me recibieron muy bien; todo el equipo fue muy amable conmigo. Al principio tenía algo de miedo por no saber portugués, pero muchos de mis compañeros hablaban inglés y, además, la mezcla entre portugués y español hacía que la comunicación fuera bastante sencilla.
Mi trabajo en la clínica dental estuvo muy relacionado con lo aprendido durante el ciclo formativo, excepto en las tareas de pedidos y recepción, en las que no pude participar debido a la barrera del idioma. Por lo demás, las funciones que desempeñé no fueron especialmente complicadas y me permitieron poner en práctica muchos de los conocimientos adquiridos en clase.
Una de las cosas que más me sorprendió fue que la mayoría de los pacientes eran extranjeros, especialmente de Brasil. Uno de los médicos me comentó que muchos de ellos se interesan por la estética dental y acuden a la clínica para realizarse blanqueamientos y otros tratamientos estéticos. Otros pacientes, en cambio, acudían por urgencias durante su estancia en la ciudad.
Al salir de la clínica, a pocos pasos se encontraba uno de los lugares más emblemáticos de Oporto: el Mercado de Bolhão, uno de los sitios más concurridos por los turistas y lleno de vida. Allí hay numerosas tiendas y lugares donde comer o probar los famosos pasteles de nata y otros dulces típicos portugueses.
Durante las tardes y los fines de semana libres aproveché para hacer turismo en solitario, visitando algunos de los lugares más conocidos y mejor valorados de la ciudad, como la playa de Matosinhos, la estación de São Bento, el Jardín do Morro y muchos otros rincones. Para mí, Oporto es una ciudad muy tranquila y cómoda, donde da igual estar solo o acompañado, porque en ambos casos se disfruta de la experiencia por igual.
Mi estancia en Portugal ha sido una experiencia que repetiría sin dudarlo. Vivir sola me ha permitido desarrollar la independencia que muchas veces buscamos, aprender a organizarme, conocer una nueva cultura y descubrir una forma de vida diferente a la que estaba acostumbrada. Recomiendo enormemente aprovechar esta oportunidad, porque es una experiencia única de la que, sin duda, no te arrepentirás.








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