Lo que aprendí viviendo mi Erasmus en Berlín

Mi nombre es Sheila Antón Vega y soy estudiante de Grado Superior de Educación Infantil. El 28 de febrero llegué a Berlín para comenzar una de las experiencias más importantes y enriquecedoras de mi vida.

Cuando tuve que elegir destino, mi primera opción era Islandia. Sin embargo, Berlín era la única ciudad en la que no necesitaba nivel de inglés para poder realizar las prácticas, así que finalmente me decidí por Alemania. Ahora, después de estos meses, puedo decir que fue una de las mejores decisiones que he tomado.

Los primeros días no fueron del todo fáciles, ya que me fui completamente sola. Además, los alemanes suelen ser personas más reservadas y frías de lo que estamos acostumbrados en España, por lo que al principio me costó un poco adaptarme. También me sorprendía que anocheciera tan pronto.

Pero esas sensaciones duraron muy poco. Berlín es una ciudad llena de vida, con estudiantes internacionales y personas de todas partes del mundo. Desde la primera semana ya había conocido gente y hecho amigos, algo que me ayudó muchísimo a sentirme acompañada y a disfrutar más de la experiencia. Además, hay muchísima gente española, por lo que nunca llegué a sentirme sola.

La ciudad me encantó desde el principio. Uno piensa que en tres meses da tiempo de sobra a visitarlo todo, pero cuando llega la última semana todavía quedan muchas cosas por ver. Además, destaca especialmente por lo diversa, abierta y multicultural que es.

Respecto a las prácticas, no podría estar más contenta con la escuela en la que estuve. Desde el primer día me hicieron sentir una más del equipo y me recibieron con muchísimo cariño. Tenía cierto miedo por el idioma, porque aunque era una escuela bilingüe pensaba que los niños y niñas no hablarían apenas español y no les entendería nada. En mi caso, estaba con un grupo de 2 a 3 años y, aunque la mayoría hablaba en alemán, acabé aprendiendo a entenderles en gran parte, por lo que el idioma no fue un problema.

Además, en mi vida diaria tampoco encontré grandes dificultades, ya que Berlín es una ciudad muy internacional donde siempre encuentras la manera de comunicarte.

Durante estos meses he aprendido muchísimo, tanto a nivel profesional como personal. He podido observar diferentes formas de trabajar con los niños y niñas, conocer otra manera de entender la educación infantil y aprender de grandes profesionales que me han enseñado mucho más de lo que imaginan. Pero, sobre todo, he aprendido a confiar más en mí misma, a resolver problemas por mi cuenta, a adaptarme a situaciones nuevas y a desenvolverme lejos de casa.

Si tuviera que definir esta experiencia con una sola palabra, sería crecimiento: crecimiento personal, profesional y emocional. Llegué a Berlín con miedo e incertidumbre y me voy con recuerdos increíbles, amistades que siempre llevaré conmigo y llena de aprendizajes.

Sin duda, esta experiencia ha superado todas mis expectativas y, si se me vuelve a dar la oportunidad de hacer un Erasmus, no lo dudaría ni un segundo.

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