El curso 2025-2026, los alumnos de DAM (Daniel y David), DAW (David) y SMR (Santiago) nos fuimos de prácticas a Salerno, una pequeña ciudad situada junto a la famosa Costa Amalfitana. Todo empezó el 28 de febrero, cuando, cargados de energía y ganas, nos dirigimos hacia Nápoles para comenzar esta experiencia.

Desde el principio quedó claro que aquello no iba a ser solo estudiar y trabajar. Como los viajes solo se podían hacer los fines de semana, aprovechamos al máximo cada escapada para conocer el sur de Italia y exprimir la experiencia al máximo. Eso sí, no todos entendían el concepto de “aprovechar el Erasmus” de la misma manera.

Nápoles fue una de las primeras paradas obligatorias. Es una ciudad llena de vida, ruido, caos y encanto, donde se puede pasear por el centro histórico, probar una auténtica pizza napolitana y perderse entre calles que parecen no seguir ninguna norma, pero que precisamente por eso tienen tanta personalidad.

Amalfi fue perfecta para disfrutar del paisaje de la costa. Allí se puede pasear junto al mar, recorrer el casco antiguo, subir y bajar escaleras sin descanso y contemplar unas vistas espectaculares. Es uno de esos lugares en los que casi importa más observar el entorno que cualquier otra cosa.

Pompeya impresionó a todos por su valor histórico. Recorrer sus ruinas permite imaginar cómo era la vida antes de la erupción del Vesubio. Es un destino ideal para quienes disfrutan de la historia, la arqueología y los lugares que dejan huella.

Caserta sorprendió por la majestuosidad de su palacio real y sus jardines. Allí se puede pasear, hacer fotos, visitar salas impresionantes y comprender por qué este lugar es una de las joyas arquitectónicas de la región. Es una visita muy recomendable para una escapada tranquila.

Paestum fue una de las excursiones más especiales por sus templos griegos conservados de manera excepcional. Además del recinto arqueológico, el entorno es más tranquilo y menos masificado, ideal para quienes prefieren visitar lugares con calma.

Roma fue, como era de esperar, una visita imprescindible. La ciudad ofrece muchísimo: monumentos, plazas, historia en cada esquina y una energía difícil de encontrar en otro sitio. Entre el Coliseo, el Vaticano, las fuentes y el centro histórico, siempre hay algo que ver o descubrir.

La residencia fue otro de los grandes puntos fuertes de la experiencia. Vivíamos todos españoles, lo que hizo que desde el primer momento el ambiente fuera cercano, cómodo y fácil de adaptar a la nueva rutina. Compartir espacio con gente de tu mismo país ayuda mucho cuando estás fuera durante meses y todo es nuevo.

Además, es importante mencionar el papel de la ESN, ya que gracias a ellos la experiencia fue todavía más completa. Organizaban actividades, planes y viajes casi todos los fines de semana, por lo que siempre había una excusa para salir, conocer gente nueva y seguir aprovechando el Erasmus más allá de las prácticas. Entre fiestas, excursiones y planes organizados, no faltaron momentos para desconectar y disfrutar al máximo de la estancia.

En definitiva, aquel Erasmus en Salerno no fue solo una experiencia académica, sino también una etapa llena de viajes, anécdotas y momentos difíciles de olvidar. Entre estudios, escapadas de fin de semana y distintas formas de vivir la convivencia, quedó claro que cada uno vivió la experiencia a su manera.

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