Mi experiencia Erasmus en Malta ha sido muy positiva. Los inicios fueron algo complicados, pero en poco tiempo todo mejoró de forma notable. Empezar a conocer a otras personas que también estaban viviendo esta experiencia fue clave para adaptarme mejor y sentirme más cómodo en el país.
Malta es un país con muchos lugares interesantes para visitar, tanto ciudades como Valletta y Mdina, como playas y calas con un agua completamente cristalina. También destaca por sus acantilados, que para mí han sido de lo más impresionante del país.


Si tengo que señalar algo menos positivo, sería el transporte público. Es complicado, poco fiable y las carreteras suelen estar colapsadas, por lo que trayectos cortos a menudo se convierten en viajes más largos de lo esperado.
En cuanto a la fiesta, Malta es un destino muy activo. La mayor parte del ocio nocturno se concentra en una misma zona y, en muchos casos, la entrada a las discotecas es gratuita. Hay bastante variedad musical, desde música más cercana a la que escuchamos en España hasta estilos más internacionales y anglosajones.
Respecto al alojamiento, durante el Erasmus estuvimos en dos viviendas distintas. La primera estaba situada en San Pawl il-Baħar, una zona costera muy turística gracias a Café del Mar, un lugar de fiesta con piscina muy conocido en Malta. Al inicio vivíamos dos personas en una casa bastante buena por unos 1000 euros al mes. Más adelante, algunos amigos se mudaron con nosotros, y el último mes tuvimos que cambiar de vivienda porque el precio subió a 2600 euros.
Después nos trasladamos a Żabbar, un pueblo algo más alejado pero más tranquilo. La casa también estaba en buenas condiciones y el coste fue de aproximadamente 2000 euros para cuatro personas.
Desde mi experiencia, recomiendo buscar alojamiento entre tres personas, ya que no es difícil encontrar casas de tres habitaciones a un precio razonable y permite mantener un equilibrio entre coste y comodidad.








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