Cuando decidí hacer mi Erasmus en Malta, no sabía exactamente qué esperar. Había escuchado hablar de sus playas, del clima agradable y de la gran cantidad de estudiantes internacionales que viven allí. Durante tres meses realicé prácticas en un laboratorio fitoterapéutico mientras vivía sola por primera vez, una combinación que me ayudó a crecer tanto a nivel profesional como personal.
Mi experiencia en el laboratorio durante el primer mes no fue muy positiva, ya que apenas había tareas que hacer, lo que hacía que el tiempo pasara muy lentamente. La situación mejoró cuando me cambiaron a la planta de producción, donde siempre había actividad y el equipo me acogió muy bien. Fue una experiencia profesional muy diferente: aprendí muchas cosas nuevas observando todo el proceso de producción y las pruebas, ya que mis compañeras me lo explicaban todo con detalle. Además, me daban bastante libertad para realizar tareas después de haberme formado, en ocasiones incluso sin supervisión directa. Esto me sorprendió bastante, ya que asumía cierta responsabilidad sin saber exactamente qué ocurriría si cometía algún error, aunque entiendo que valoraban mi implicación y mis ganas de aprender.
En el plano personal, vivir sola y lejos de cualquier compañero fue una experiencia muy positiva. Hubo momentos en los que echaba de menos el contacto cara a cara con otras personas, ya que decidí no hacer demasiadas amistades, aunque allí es muy fácil conocer gente. Una de las razones por las que elegí Erasmus fue precisamente la experiencia de la independencia, y, aunque hubo altibajos, en general fue muy enriquecedora. No me arrepiento en absoluto, ya que considero que es una vivencia que te hace crecer en muchos aspectos.
Malta, como destino, es un lugar pequeño pero con una gran oferta de ocio: playas, fiesta y ambiente internacional. Es una buena combinación para un Erasmus, especialmente si buscas desconectar. Los fines de semana suelen estar llenos de festivales y actividades. Aunque no soy especialmente de playa, allí he visto algunas de las más bonitas que he conocido, aunque suelen estar bastante concurridas. Aun así, siempre es posible encontrar rincones más tranquilos y la gente local suele ayudarte encantada, sobre todo si saben que estás de intercambio.
En definitiva, esta es solo una experiencia entre muchas posibles. Cada persona vive el Erasmus de una manera distinta, así que, si estás leyendo esto, no te dejes condicionar y disfrútalo a tu manera y al máximo.








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