Tres meses en Génova: una experiencia Erasmus para crecer, descubrir y salir de la zona de confort

Moverse sola a otro país puede parecer difícil. Sin embargo, si algo me ha enseñado esta experiencia es que lo verdaderamente difícil es salir del conformismo y vencer el miedo. Dar el paso y atreverse a vivir nuevas experiencias abre la puerta a oportunidades inesperadas, al aprendizaje y al crecimiento personal.

Es importante hacer cosas fuera de lo habitual, vivir el proceso de manera consciente y dejar de buscar constantemente la validación externa. Necesitamos salir de nuestro entorno y conocer realidades diferentes. En mi caso, mi objetivo al venir a Italia era descubrir el ambiente, la gente, la gastronomía y, sobre todo, conocerme mejor a mí misma y definir mi carácter. Y puedo decir que lo conseguí. Aprendí mucho y también aprendí a priorizar lo que realmente es importante para mí.

Desde mi punto de vista, he tenido una experiencia muy positiva. Aunque vine sola, en ningún momento me he sentido desacompañada. He contado con el apoyo de los profesionales de las prácticas, de mis amistades en España y de las personas que he ido conociendo aquí. Mi experiencia ha sido bastante independiente porque así lo quise, pero hacer amigos y conocer gente no resulta difícil. Los jóvenes están dispuestos a ayudar y a conversar, y las relaciones surgen de manera natural, especialmente en situaciones cotidianas: en la calle, en restaurantes, en fiestas o durante las visitas en grupo.

En cuanto a las prácticas, puedo decir que han sido maravillosas. Los profesionales están muy implicados en la vida y la rutina de los menores, tanto por el trato cercano como por las medidas que adoptan para garantizar su bienestar. Algo que me llamó especialmente la atención fueron las reuniones semanales del equipo, que solían durar unas cuatro horas. Son un espacio muy necesario, ya que permiten orientar el trabajo de todos los profesionales y favorecer la coordinación. Poder participar en ellas te hace sentir parte del equipo.

También me pareció muy enriquecedor poder conocer las historias de vida de cada menor y el trabajo que se realiza junto a los trabajadores sociales. Los niños y niñas eran muy amables y participativos, y es inevitable crear un vínculo especial con algunos de ellos. A mí también me ocurrió.

Mi consejo es sencillo: sé tú mismo, vive estos tres meses al máximo y conviértete en una persona a la que tanto los menores como los educadores puedan recurrir en busca de ayuda y apoyo.

Respecto a Génova, me ha parecido una ciudad maravillosa y, al mismo tiempo, con cierto aire antiguo que le da un encanto especial. Está muy bien comunicada por transporte público y es fácil moverse por ella. Además, cuenta con unas escaleras interminables que, literalmente, son ideales para quienes disfrutan caminando y haciendo ejercicio.

El puerto es un lugar al que acabas teniendo una relación de amor y odio, especialmente si viajas sola. Para mí, uno de los mayores atractivos de la experiencia ha sido aprovechar los fines de semana para recorrer la región en tren, descubrir playas y pequeños pueblos con encanto, e incluso visitar algún país cercano.

¿Y el italiano? Es un idioma más fácil de aprender de lo que parece, siempre que mantengas una rutina y hables con la gente. En las prácticas, muchos de los niños hablaban español, pero otros solo se comunicaban en italiano, así que intenté utilizar el italiano siempre que podía. Aplicaciones como D

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